• Prof. Cerebrón

Cocinar para evolucionar

Una de las actividades básicas y de supervivencia de todo ser vivo es alimentarse. Los humanos somos omnívoros y podemos comer vegetales, hongos y animales. Esa diversidad en nuestra alimentación ha sido parte clave para que hayamos evolucionado hasta este punto. Al tener una alimentación balanceada, nuestro cerebro se desarrolló de una manera impresionante y es que somos el único ser vivo en este planeta que estudia a otros seres vivos. Somos la especie dominante en el planeta Tierra y todo eso se lo debemos a nuestra alimentación, de tal manera que durante el proceso evolutivo pudimos desarrollar mejore y más grandes cerebros que los otros animales.


Foto de Maarten van den Heuvel en Pexels

Tenemos que diferenciar que no porque un cerebro sea enorme como el de un elefante o una ballena, quiere decir que sean más inteligentes. Sino que es respecto a la cantidad de conexiones y a la proporción del cerebro con el resto del cuerpo la que hace esta diferencia. El cerebro humano, en proporción a su cuerpo, es mucho más grande y mejor que el de los demás animales. Por ejemplo la relación de peso de nuestro cerebro con nuestro cuerpo es de 1:40, mientras que el de los chimpancés es de 1:129. Nosotros tenemos más córtex (área del cerebro que manipula el razonamiento abstracto y lógico) y por eso podemos hacer cosas mucho más interesantes que solo mantener al cuerpo en operación continua. Nuestro cerebro tiene alrededor de 86 mil millones de neuronas, de las cuales, cerca del 18% están en el córtex. Ningún otro ser vivo tiene esa cualidad. Pero alimentar a tantas neuronas tiene un precio energético muy alto. De hecho, nuestro cerebro consume cerca del 25% de la energía corporal para proveer de energía a esa cantidad colosal de neuronas. En términos generales y en comparación a otros homínidos, todos usan su energía principalmente para su cuerpo y no tanto para su cerebro debido a que no tienen tantas neuronas como nosotros. Es decir, o tienen un gran cuerpo o tienen gran cantidad de neuronas. Sin embargo, los primates pasan como 8 horas comiendo alimentos crudos, por lo tanto toda su energía se enfoca a tratar de buscar, masticar y digerir toda esa comida.

El humano ha evolucionado de tal forma que no requiere comer tanto y aun así obtiene la energía suficiente tanto para el cerebro como para el cuerpo. La clave del éxito fue que hace 1.9 millones de años aprendimos a cocinar. Somos la única especie en este mundo que cocina sus alimentos y básicamente usamos el fuego para pre-digerirlos. Así, la comida (carne o vegetal) es más blanda y más fácil de masticar para después al entrar al estómago ya casi digerida, así que al entrar al intestino es mucho más fácil absorber los nutrientes. Por ejemplo, las proteínas se desenredan y son más sencillas de metabolizar. Por consiguiente, se requiere menos energía para comer y se aprovecha más la energía de los alimentos para otras cosas. Así mismo, cocinar los alimentos transformó nuestras piezas dentales de tal forma que tenemos incisivos para cortar, caninos apenas afilados para desgarrar y molares no totalmente planos para moler. Es decir, tenemos piezas dentales para comer de todo. Por lo tanto, afirmar que el humano debe ser herbívoro por tener esa dentadura es una falacia, los chimpancés y gorilas tienen caninos enormes y comen principalmente plantas. Pero es que los caninos no solo sirven para desgarrar carne, sino que también para triturar fibra altamente densa.


No somos estrictamente carnívoros o herbívoros, somos “el animal que come alimentos cocinados”. Pero eso significaría que desarrollamos mandíbulas más débiles y dientes menos filosos, esto dio como consecuencia cazar, recolectar alimentos y ser nómadas. Entonces, se desarrollaron los pulgares opuestos para asir mejor y nuestro cuerpo se transformó para correr más y controlar mejor la temperatura.

Como otros beneficios, algunas toxinas se degradan de tal forma que las hace inofensivas y además el fuego elimina bacterias que ponen en peligro nuestra salud. Entonces, al cocinar se tuvo mayor acceso a otros alimentos y por lo tanto a mayor cantidad de energía. Al provechar mejor esos nutrientes, pudimos hacernos más fuertes y saludables, resistentes e inteligentes. Pero abriendo un poco más el abanico, cocinar no solo podría referirse a calentar los alimentos, también podemos molerlos y aplastarlos, almacenarlos en ácido acético o sal, cortarlos y secarlos o fermentarlos. Todo eso nos dio acceso a diferentes sustancias que podrían ser benéficas para nosotros como por ejemplo el café que ya he explicado anteriormente.

Al tener entonces más energía sin necesidad de pasar 8 horas comiendo, el humano pudo entonces crear cosas como herramientas, idiomas, escritura, arte, agricultura, civilizaciones, matemáticas, construcciones, etc. Además, se desarrollaron habilidades, nuevos platillos y herramientas para poder hacerlos y saborearlos. Dependiendo la comida que hubo (o hay) al alcance, se pudieron aprovechar partes del animal o incluso ingredientes. Sin embargo, energía en exceso que obtenemos al cocinar y un modo más sedentario de la vida actual ha hecho que tengamos obesidad. Nuestra clave de la evolución es ahora parte del problema. Pero muchos factores ya intervienen en esta escena, tales como comida procesada, grasas saturadas, falta de ejercicio. Si bien, no comer tantos alimentos crudos fue la clave para evolucionar, ahora comerlos es la clave para no tener problemas de sobrepeso. Balancear el tipo de comida, la nutrición y el realizar ejercicio es menester para esta sociedad actual.

Aun así, como seres sociales que somos, cocinar nos ayudó a empatizar más. En casi todas las celebraciones, eventos, festejos, tradiciones y regiones alrededor del mundo se comparte comida y bebida. Es impresionante como hemos desarrollado esta actividad y con justa razón, somos humanos y es de lo que mejor sabemos hacer. Cocinar nos vuelve más nosotros, es parte del código de barras de nuestra especie ya que la comida la usamos para compartir ideas, tiempo con otras personas y ser más inteligentes. Comer con otras personas nos hace felices y combinar alimentos también le ayuda a nuestro cerebro a tal grado de volvernos adictos a ellos. Pero eso es otro tema. Por mientras, espero que ustedes estén disfrutando el sabor de su comida favorita y la compañía de sus seres queridos. Cada que vean su cocina pueden estar orgullosos que eso fue lo que ayudó a que seamos los humanos que somos. Como siempre, buen provecho y gracias por leerme.

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