• Prof. Cerebrón

La vacuna de la turbeculosis como posible protección contra el COVID-19

Debido a la crisis sanitaria, los científicos de todo el mundo están compitiendo para encontrar formas de salir de la nueva pandemia provocada por el coronavirus SARS-CoV-2. Algunos están trabajando para desarrollar nuevos medicamentos y vacunas, mientras que otros buscan ver si las terapias que ya tenemos pueden servir. Así, los investigadores han vuelto su atención a un compuesto intrigante en nuestro botiquín colectivo: la vacuna para combatir la tuberculosis. Un par de análisis iniciales, que aún no se han revisado por pares, han encontrado que los países que requieren esta vacuna, llamada Bacillus Calmette – Guérin (BCG), parecen haber sido menos afectados, tanto en términos de número como de gravedad, por el coronavirus. Aun así, es necesario aclarar que no lo sabemos de cierto. Sin embargo, varios ensayos clínicos en todo el mundo ahora están examinando si esta vacuna pudiera protegernos ya que los datos son tentadores.





Docenas de países como México, Japón y China, requieren que los niños, generalmente recién nacidos, reciban la vacuna BCG como protección contra la tuberculosis, una infección que generalmente es más común en los países de bajos ingresos. Otros países, como España, Francia y Suiza, solían requerir la vacuna, pero se detuvieron porque el riesgo de contraer la enfermedad en esos países disminuyó, según uno de los estudios de preimpresión publicados en medRxiv el 28 de marzo. Otros países, como Estados Unidos, Italia y los Países Bajos nunca tuvieron una política de vacunación tan universal para la vacuna BCG.


Pero los científicos saben desde hace tiempo que "casi por casualidad", la vacuna BCG no solo protege contra la tuberculosis, sino que también ayuda a combatir otros virus, en particular las infecciones respiratorias. La vacuna de alguna manera inesperada es como un refuerzo inmunológico amplio.


Por ejemplo, un estudio realizado en Guinea-Bissau en África occidental, encontró que los niños que fueron vacunados con BCG tuvieron una reducción de aproximadamente el 50% en la mortalidad general. En gran parte porque la vacuna redujo las infecciones respiratorias y la sepsis, o el envenenamiento de la sangre, según el estudio publicado en medRxiv.


Vacuna de bacterias vivas debilitadas

La vacuna BCG se compone de formas debilitadas de Mycobacterium bovis vivo, estrechamente relacionado con la bacteria que causa la tuberculosis. Esta vacuna fue desarrollada por primera vez en la década de 1920 en París y luego enviado a todo el mundo. Ahora, los países desde Japón hasta Dinamarca tienen sus propias vacunas BCG, hechas con diferentes formulaciones de bacterias vivas, y cada una tiene diferentes grados de capacidad de estimulación inmunológica.


Por lo general, las vacunas vivas proporcionan una respuesta inmune fuerte y duradera y, a veces, incluso una protección de por vida contra el germen, mientras que las formas inactivadas de vacunas, como las de las vacunas contra la gripe, no proporcionan una inmunidad tan fuerte.


Si bien la mayoría de las vacunas provocan que una parte del sistema inmune, el sistema inmunitario adaptativo, genere anticuerpos que se dirigen a patógenos muy específicos, la vacuna BCG se conecta con otra parte, el sistema inmune innato. Este sistema no discrimina a los patógenos y libera células inmunes con bastante rapidez para combatir cualquier sustancia extraña. La vacuna BCG por lo tanto aumenta la producción del cuerpo de células inmunes no específicas.


Tanto el estudio de medRxiv y otro estudio preliminar publicado recientemente en Research Gate llegaron a conclusiones similares: parecía haber una correlación entre los países que requieren vacunas BCG y una menor propagación y gravedad de los casos de COVID-19. Por ejemplo, al 15 de abril, Portugal, que ha requerido vacunas BCG para bebés, tiene 18,091 casos confirmados de COVID-19 y 599 muertes (3.3 % mortalidad), mientras que España tiene 177,789 casos y 18,713 muertes (10.5 %)

Del mismo modo, Irlanda, con 12,547 casos y 444 muertes, requiere la vacuna BCG, mientras que el Reino Unido con 98,476 casos y 12,868 muertes ya no lo hace. Según estos números, Irlanda tiene una tasa de mortalidad del 3.5 %, mientras que el Reino Unido tiene una tasa de mortalidad del 13.06 %. Sin embargo, México que requiere de dicha vacuna, cuenta con 5,399 casos y 406 muertes (7.5 % de mortalidad).


Y es aquí donde estos estudios preliminares son considerados "defectuosos" porque muchos factores, como las diferencias en la riqueza, tamaño de la población, la capacidad de evaluación y de identificación de COVID-19, estilo de vida y educación, pueden afectar los resultados. Aun así, los autores están haciendo lo mejor que pueden en una situación muy difícil. Si bien no hay evidencia directa de que las vacunas BCG reduzcan el riesgo de desarrollar COVID-19, esta hipótesis se ve prometedora. Es difícil sacar conclusiones firmes, pero hay suficiente evidencia científica para impulsar los ensayos clínicos que analizan los efectos protectores de la vacuna contra COVID-19 que ya están en marcha en varios países.


¿Vacunación o revacunación?


Es interesante la implicación de que la vacuna BCG podría proteger durante un período de tiempo tan largo. De hecho, no está claro cuánto tiempo pueden durar los efectos de la vacuna BCG. El segundo estudio, que tampoco ha sido revisado por pares, analizó cómo les fue a los países con políticas de revacunación, o vacunas de refuerzo, en la pandemia de COVID-19. Ese estudio encontró que los países sin políticas de revacunación tenían una tasa de letalidad de 5.2%, en comparación con una tasa de letalidad de 0.6% en los países que requerían revacunación.


El gran “pero” contra todos estos estudios, es que realmente están tratando con información masivamente incompleta. Todos estamos adivinando cuáles son las verdaderas tasas de infección y las tasas de letalidad porque no hay pruebas uniformes generalizadas en todos los países. Aun así, se reconoce a los autores su trabajo ya que están haciendo lo que pueden con los datos disponibles y proporcionando algunas hipótesis muy provocativas. La buena noticia es que son muy comprobables.


En otro mundo, estaríamos haciendo experimentos para probar esta hipótesis, pero en este mundo, en medio de la pandemia de coronavirus, no tenemos tiempo para eso. La vacuna BCG tiene un "historial muy seguro", y probablemente se pueda probar en aquellos que no son viejos y que no tienen un sistema inmune debilitado dado que esta es una vacuna viva que puede causar más efectos secundarios para personas mayores o con sistemas inmunes debilitados. El sistema inmune humano es como una orquesta, está interconectado de forma masiva y lo que parece hacer la vacuna BCG es que tal vez le da un poco de control adicional al conductor. Entonces, en la sinfonía del ataque inmune contra los virus respiratorios, la orquesta puede ir a toda velocidad, de inmediato, todo junto, en sincronización, en lugar de ir improvisando.


Como siempre, gracias por leerme


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