• Prof. Cerebrón

Los rastreadores de virus ¿Se puede predecir la nueva pandemia?

La humanidad siempre se ha tenido que enfrentar a diferentes enfermedades. Cabe señalar, que la mayoría de las enfermedades que más azotado a la raza humana han tenido su origen en animales. Por ejemplo, el VIH posiblemente saltó a nuestro cuerpo a través de simios, la peste bubónica de ratas, el virus AH1N1 de cerdos y ahora estamos viviendo severamente al SARS-CoV-2 que se piensa se originó en los murciélagos. A este efecto se le llama zoonosis.


La zoonosis es algo común. Actualmente, una o dos veces al año un nuevo patógeno animal se propaga en los humanos. Algunas no son la gran cosa, podrían ser confundidas con un resfriado o una infección común. Esto se debe a que, dado que la evolución es un proceso lento y aleatorio, y muchos de los agentes patógenos no se adaptan bien al huésped y son fácilmente eliminados. También puede ocurrir que el agente sea muy voraz y mate al huésped antes de que pueda incluso infectar a más personas. Sin embargo, otras enfermedades tienen la característica de propagarse adecuadamente y han puesto a poblaciones enteras en estado de alerta. Se estima que existen más de 820,000 virus en el mundo animal con potencial para infectar a los humanos. Debido a la explosión demográfica, la invasión de los hábitats de animales salvajes, la captura de animales silvestres para venderlos en los mercados y la crianza de ganado donde aves y murciélagos pueden mezclarse con ellos, los virus y bacterias pueden adaptarse más rápidamente a nuestros organismos. Ahora que el nuevo coronavirus ha demostrado cuántos estragos puede crear un patógeno zoonótico. Por lo tanto, el valor de localizar virus antes de que salten del mundo animal puede parecer obvio.


Por ejemplo, la gripe aviar H5N1 saltó a los humanos a través de aves de corral vendidas en los mercados de Hong Kong en 1997. A pesar de que esta enfermedad fue controlada rápidamente, tuvieron que sacrificarse 1.3 millones de pollos para evitar la propagación. Esta enfermedad aparecería nuevamente en el 2004 provocando nuevamente la matanza de millones de aves. Las aves de corral suelen tener tiempos de vida cortos. Un pollo es alimentado masivamente para que en dos meses y medio pueda ser considerado para le matadero. Entonces, en un tiempo de vida tan corto, a pesar de las normas zoosanitarias, muchos criaderos evitan gastar dinero en vacunas ya que el animal será sacrificado próximamente. Además, de que se requieren millones de pollos para alimentar a millones de humanos que también se reproducen exponencialmente. Económicamente no es viable, pero se está incentivando la zoonosis. Y, sin embargo, el virus continúa ahí. Muchas aves acuáticas salvajes lo portan y, debido a sus rutas migratorias, lo contagian a otras salvajes que subsecuentemente lo pueden contagiar a las domésticas.


¿Cómo evitar eso? ¿qué pasaría si alguien hubiera identificado qué grupos de aves silvestres portaban el virus? ¿podría la detección de patógenos antes de que se derramen de la naturaleza ayudar a los humanos a prevenir la próxima pandemia?

Encontrar virus en la naturaleza es un reto, desordenado y arriesgado. Los científicos que se encargan de rastrear los virus trabajan con gobiernos locales y organizaciones sin fines de lucro para identificar los lugares donde esos agentes patógenos de animales se cruzan con los humanos. Luego salen al campo a recoger muestras, sin confinar, dañar o matar a los animales. Las muestras constan de heces, orina, sangre, saliva o materia anal. Así mismo, los investigadores recurren a las personas que viven en las zonas aledañas para preguntar sobre sus hábitos de agricultura o silvicultura. De la misma forma que con los animales, los humanos más cercanos a las poblaciones de muestra deben ser analizados para encontrar algún vestigio de un virus o bacteria que ya haya saltado sin ser reconocido.



Uno de los grupos de científicos más importantes fue el llamado “Predict” que es conformado por el Instituto de Biología del Conservatorio Smithsoniano, la Universidad de California en Davis, EcoHealth Allianca y la Wildlife Conservation Society. Esta organización ha recolectado muestras de 164 mil animales y personas que contienen células de la saliva, sangre, bacterias y virus para su análisis.


Identificar a estos agentes patógenos no es tarea sencilla. Las muestras recolectadas, deben ser congeladas para su transporte. En los laboratorios se aísla todo el material genético dentro de la muestra. Posteriormente utilizando pequeños fragmentos de código genético (iniciador) que coinciden, se unen a puntos específicos en la secuencia única de un virus. De forma burda, se puede plantear como tener un pedazo de velcro y buscar en donde se pega. Solo que aquí el velcro tiene los nucleótidos (adenina, citosina, timina y guanina) del ADN. A este método se le llama “reacción en cadena de la polimerasa”. De esta forma, es posible hacer un barrido en busca de un virus. Si un virus es encontrado, pasa a otro proceso llamado “secuenciación profunda”. En este paso, se deben extraer todas las secuencias que pertenecen al virus de entre millones de fragmentos de material genético de la muestra para unirlos. Así, mediante programas computacionales se comparan las secuencias de nucleótidos con las secuencias de virus conocidos. Una vez encontrada una secuencia, se compara con otros virus usando una especie de árboles genealógicos que muestras las relaciones evolutivas llamados “árboles filogenéticos”. Se encuentra un patrón y se relaciona con alguna especie o subespecie.


De esta forma, al analizar miles de muestras se pueden rastrear agentes patógenos para dar una alerta temprana de una posible enfermedad que pueda saltar o que ya haya saltado. Se identifican y monitorean a especies que son potencialmente para la zoonosis. No se puede esperar a que cierta enfermedad comience a matar gente y posteriormente buscar al anfitrión original. Estas investigaciones tempranas son una forma preventiva para salvar millones de vidas. Mediante estos métodos, se han identificado virus similares al SARS en África y el sudeste asiático. Por ejemplo, otro coronavirus se ha parecido al virus del MERS, pero que aún carece de adaptación genética a los humanos, ha sido encontrado en murciélagos en Myanmar. En la República Democrática del Congo se han encontrado adenovirus y ebolavirus en Sierra Leona jamás vistos y un nuevo tipo de herpes de Malasia. De esta forma, se han reunido 949 virus nuevos y 217 conocidos en especies que se pensaba no estaban asociados.

A pesar de estos logros, aun sigue siendo un desafío identificar los patógenos potencialmente zoonóticos y los animales que los portan, es decir, determinar con certeza cual de ellos causará la siguiente epidemia. Por ahora, lo que se puede hacer es que esta información sobre virus animales aumentará nuestra comprensión de la diversidad y evolución de los virus. No obstante, se debe aprender a ponerlo en práctica para mitigar una enfermedad ya transmitida. Este campo aún no está listo para detener futuras pandemias. De acuerdo con las estimaciones de los investigadores, aun no se han descubierto 1.6 millones de virus en mamíferos, aves, insectos o peces. De hecho, el virus del Zika se encontró en 1947 y no ha evitado que actualmente se propague. Si bien la predicción mediante el muestro y monitoreo viral ha sido un avance importante, no está claro cómo se podrá predecir o interrumpir una pandemia.


Esto no quiere decir que el trabajo de investigación de los cazadores de virus sea en vano. El trabajo de estos investigadores ha demostrado que los murciélagos (rhinolophus e hipposideros) son los principales huéspedes de los coronavirus y otros agentes patógenos. Entonces, esta información podrá facilitar la determinación de dónde podrían estar circulando los virus similares al SARS.


El siguiente paso para este tipo de investigaciones tan importantes es tener una base de datos suficientemente grande para ser compartida entre los países y crear una red de vigilancia para nuevos virus que podrían encontrarse en un futuro. Se trata de ir a donde están los virus antes de que vengan a nosotros. Somos testigos de los efectos que los virus pueden tener y que son difíciles de mitigar. Los virus pueden saltar repentinamente a nosotros porque nuestro contacto con los animales salvajes cada vez es mayor. Particularmente en el caso de los murciélagos, se usa su guano como abono o medicina, se comen en los mercados, existen ataques como mordeduras o arañazos o se venden como mascotas. Esto sigue ocurriendo en el mundo a pesar de la evidente pandemia. El humano está estrechamente relacionado con los murciélagos y esto le ha traído graves consecuencias. Esto es una llamada de atención. Tenemos que estar más preparados para entender mejor este potencial riesgo. Cuando se contenga la pandemia actual, será esencial recordar lo rápido que el mundo puede colapsar y cómo pueden cambiar la vida de todos.


Como siempre, gracias por leerme.


#Ciencionizados

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