• Prof. Cerebrón

Los terremotos están relacionados con los huracanes

En el 2017, México tuvo un año particularmente frenético respecto a catástrofes naturales. Particularmente en septiembre, tres huracanes, Katia, Irma y José se enfilaron hacia las costas mexicanas del lado del Atlántico y el Caribe. Un poco después, el 19 de septiembre, 32 años exactos después del sismo de 1985 (magnitud 8.1), la ciudad de México fue abatida nuevamente por un terremoto de magnitud de 7.1.



Ante estos sucesos, me plantee la siguiente pregunta: ¿el movimiento de grandes cantidades de agua del lado del Atlántico podría estar relacionado con la subducción de la placa de Cocos en las placas del Caribe y el Atlántico norte? Con esta hipótesis en la mente, escribí al Sistema Sismológico Nacional dicho planteamiento y me contestaron amargamente “Los terremotos no se pueden predecir”. A decir verdad, quedé muy decepcionado. No estaba preguntando si eran predecibles, sino que planteaba si podrían estar relacionados y si ellos también ya se habían preguntado eso. Fue claro que la respuesta fue escrita una persona que su oficio es contestar correos y no tiene ninguna preparación científica. No le culpo, pero tampoco pasó mi mensaje a alguien más. Así, lamentablemente era el único correo que tenía para comunicarme con los científicos del SSN y mi pregunta no llegó a más oídos serios.



Sin embargo, no fui el único que había pensado en esta relación entre terremotos y huracanes, ya que el 14 de octubre del 2019 la revista indexada Geophysical Research Letters, publicó un artículo llamado “Stormquakes” de la autoría de Wenyuan Fan del Departamento de Ciencias de la Tierra, Océano y Atmósfera de la Universidad del Estado de Florida. En dicho artículo, los autores mencionaron que los huracanes pueden azotar al océano, y esa energía de las olas puede ser lo suficientemente fuerte como para golpear el fondo marino, produciendo un nuevo tipo de terremoto al que llamaron “Stormquakes”.


Estos científicos explican que, a diferencia de los terremotos, que se desencadenan por el desplazamiento de dos placas tectónicas, la fuerza impulsora detrás de estos sismos son las olas oceánicas que han sido golpeadas por un huracán. De esta forma, los terremotos producidos pueden llegar a tener magnitudes de 3.5, lo que los hace detectables.


Desde el 2004 se sabe que la energía transferida por las olas del océano puede producir señales sísmicas a frecuencias de varias veces en ciertos minutos o bien en ciertos segundos (microsismos). A esto se le llamó "zumbido de la Tierra". No obstante, se detectó otra señal que ocurre cada 20 a 50 segundos aproximadamente con una frecuencia de 0.02 y 0.05 hertz. Esta señal aún no ha sido entendida en su totalidad.

Fan y sus colaboradores plantearon una hipótesis inicial de que dichas señales podrían venir de la Tierra. Por lo tanto, mediante el análisis de datos recopilados entre 2006 y 2015 de terremotos en el noreste de Norteamérica, se pudieron relacionar con la señal extra. Adicionalmente, notaron que había una correlación con las estaciones del año. Si bien, los terremotos no son estacionales, el clima sí. De esa forma, la fuerza impulsora detrás de los misteriosos terremotos se enfocó más claramente una vez que comenzó a buscar datos sísmicos de la costa este de Estados Unidos, propensos a experimentar tormentas poderosas como huracanes y tormentas de invierno. Así, para esta nueva clasificación, tenía que ocurrir en un día tormentoso, no ser parte de un terremoto conocido y perteneces a varios terremotos acontecidos en el mismo día. El resultado de este sesgo dio cerca de 14 mil sismos desde el Golfo de México hasta Canadá. Cabe señalar que no todos los huracanes produjeron terremotos; en cambio, los terremotos se detectaron en ciertas regiones a lo largo de la costa donde los mapas de topografía del fondo marino indicaban que había bancos oceánicos.


En otras palabras, los huracanes aumentarían las probabilidades de que ocurran sismos.

En el 2009 el huracán Bill tocó tierra en Terranova y se detectaron múltiples sismos. Eso indica que la topografía del fondo marino también juega un papel en la generación de los terremotos. Esta investigación ha sugerido que las olas las profundas que se forman a por las olas oceánicas barridas por la tormenta, interactúan y transfieren energía con estas partes elevadas del fondo marino, es decir, las olas golpean a la costa. Entonces, entre más huracanes haya, más terremotos son esperados.


Siguiendo la rigurosidad científica cabe admitir que estos datos solo han mostrado que existe esta correlación; sin embargo, aún quedan más cuestiones que resolver, como la relación con el tipo de suelo, la profundidad, la fuerza y dirección de los vientos y la velocidad de evolución del huracán. Faltan más datos de diferentes partes del mundo, incluidas las costas occidentales de Europa e India.




Es interesante observar que los investigadores pudieron rastrear las fuentes de algunas de las señales sísmicas en el tiempo hasta las tormentas. No obstante, grandes tormentas en movimiento impactan una gran parte del fondo marino. Por lo tanto, es difícil ver cómo esos impactos podrían considerarse fuentes puntuales como el epicentro de un terremoto: la ubicación en el subsuelo donde se produce una ruptura. Se necesita más trabajo para comprender con precisión los mecanismos detrás de estos registros sísmicos. Por ejemplo, medir la magnitud de la “fuente" de una señal sísmica, ya sea un pequeño deslizamiento de una línea de falla o un oleaje oceánico martillando en un banco oceánico de cientos de kilómetros de ancho. Es importante cuando se trata de usar tales señales para crear modelos a partir de imágenes de alta resolución del fondo marino. Adicionalmente, es posible que la forma del fondo marino en estos lugares pueda estar creando una fuente puntual efectiva. En otras palabras, puede ser necesaria una combinación muy particular de huracán, olas oceánicas y forma del fondo marino para producir un terremoto perfecto, pero es totalmente posible.




Bajo estos argumentos y a manera de suposición, si se observa el fondo marino del golfo de México, los huracanes atlánticos provocarían que las costas de Veracruz sean azotadas por las olas profundas y superficiales. De esta forma, podrían empujar a la placa de América del Norte hacia arriba de la de Cocos. Para explicar completamente esto, será importante de considerar el subsuelo de las costas de Guerrero y de Chiapas y que particularmente en la región del Istmo de Tehuantepec es justo donde se juntan las placas de Cocos, del Caribe y de Norteamérica, lo que provocaría que haya gran tensión entre las tres. Si observamos el número de huracanes y de sismos respecto al tiempo, podremos quizá ver una tendencia.

Si algo es cierto, es que terremotos no son predecibles con exactitud; sin embargo, con el descubrimiento de estos fenómenos naturales, los mexicanos podríamos esperar que, al haber una cantidad considerable de huracanes o huracanes fuertes, las probabilidades de que ocurra un terremoto aumentarían. Entonces, si por causa de la crisis climática se generan más frecuentemente huracanes más fuertes, entonces, quizá también algún terremoto. Espero mis hipótesis sean erróneas.


Como siempre, gracias por leerme.


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